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La
interculturalidad es natural en el ser humano: compartir y relacionarse entre
personas de diferentes culturas para compartir valores, pensamientos,
tradiciones y ante todo propiciar un respeto por las diferencias.
El
desarrollo de los individuos, se debe lograr sin menospreciar las diferencias
entre sociedades y modelos de vida que se tengan. Brechas sociales y económicas
no deben ser un impedimento a la hora de conocer o convivir con alguien más. De
igual forma ocurre en la educación, modelos educativos, estrategias didácticas,
contenido, etc. Solo enriquecen la formación y aceptación en los niños para
lograr inculcar un respeto por los demás y derribar prejuicios ya establecidos
en la sociedad, “culturas dominantes y otras subordinadas “.
La
interculturalidad antes de nada es un intercambio, una negociación entre varias
personas para aprender unas de otras, reconocer al otro como alguien diferente pero
aceptarlo y aprender e impulsar los procesos de intercambio permita espacios de
encuentro y diálogo entre seres y saberes, sentidos y prácticas distintas.
La interculturalidad en la escuela es vista como un
proceso lleno de creación y aprendizaje para los individuos involucrados.
No hay que ir muy lejos
para observar la interculturalidad, en la UPB encontramos personas de
diferentes países, etnias y religiones. Incluso en nuestro curso contamos con
personas de San Andrés Islas, Amalfi, Frontino, Manizales, etc.
La interculturalidad en el
aula de clase debe estar mediada por un proceso de endoculturización que
incluya el desarrollo de valores como la tolerancia y la empatía entre las
culturas que se encuentren en el salón, sin
que ninguna renuncie a sus características étnicas propias para asimilar una
nueva cultura.
La diversidad de
pensamiento y formas de actuar debe ser vista como un valor ya que permite el
intercambio de conocimientos sobre los diferentes contextos.
Referencia:
Walsh, C. (2005)
“La interculturalidad en la Educación”, Lima, Perú.

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